miércoles, 16 de julio de 2014

Los lazos del destino. Capitulo 1: Lagrimas

Los rayos del sol, cálidos y hermosos rozaban el pelo rubio de la chica que dormía profundamente, sus pequeños ojos se abrieron, eran de un azul intenso, pero eran tristes.

Se levantó y lo primero que vio fue su reflejo, estaba despeinada, tenía ojera de dos noches sin dormir, sus labios estaban secos, con sus manos blancas como el marfil toco su rostro en el cual una lágrima lo rozaba.

Salió de la cama, el jersey con el que dormía le llegaba hasta las rodillas, se acercó a su ventana y observaba como la gente salía de sus casas para ir a trabajar, algunos estudiantes implicados salían temprano para empezar antes que nadie sus tareas rutinarias. 

La chica se dio cuenta de la hora que era, se había hecho tarde, salió de su habitación, travesó el pasillo rápidamente dirigiéndose a otra que se encontraba al final, se quedó pensativa, no sabía si abrir la puerta o hacer como si nada, ignorarla y continuar con sus tareas, pero fue cuestión de dos minutos que se abriera y apareciera su querido hermano, que con una sonrisa la saludo, le tocó el pelo como de costumbre y se alejó de ella, sin dirigirle ni una sola palabra, ni una sola mirada de complicidad, solo una simple sonrisa falsa. La chica se quedo paralizada observando como la figura perfecta y medio desnuda de su hermano bajaba las escaleras, tuvo el impulso de lanzarse sobre sus brazos y preguntarle el porque de su frialdad con ella, de nuevo las lágrimas aparecieron en ese rostro tan bello pero a la vez delicado. 

Se dirigió de nuevo hacia su habitación, aquel lugar que se volvió tan frío desde que su hermano dejo de entrar, recordaba las horas en las que se pasaban hablando, durmiendo juntos, bailando, cantando, riéndose, recordaba perfectamente como la miraba, lo ojos de él estaban llenos de amabilidad y de amor, y los de ella les correspondían. En esa habitación se abrazaron, se acariciaron, se peinaban, ella siempre le acariciaba su pelo, y cuando dormía, rozaba la piel blanca de su hermano y se quedaba horas observándole, con eso ya era feliz.

El sonido del timbre de su casa la hizo volver a la realidad, se dio cuenta de que todo aquello fue un sueño que terminó hace tiempo. Ella ya sabía quien era la que llamaba, pero solamente quería ignorar el hecho que aquella persona estaba en su casa y tan cerca de su hermano.

Se vistió con su uniforme, se terminó de peinar, se puso su lazo para adornar su pelo, y por terminar, se miró fijamente al espejo y dijo: "Perfecta, como siempre". Sonrió, estaba hermosa, pero no pudo evitar que la angustia  la inundara de nuevo, haciendo que todo el esfuerzo de reír se desvaneciera. Ella segura de sí misma, caprichosa, siempre consiguiendo lo que quería, fuerte, amable y popular, ahora se encontraba envuelta por una gran tristeza que hacía que toda su seguridad desapareciera.

Cogió su mochila, se puso el móvil en el bolsillo de la chaqueta, y con pasos firmes se dirigió a la planta de abajo, dónde ella sabía con quien se encontraría, solo en pensarlo le invadía el deseo de volver a su habitación, lanzarse a la cama y llorar hasta que su corazón le dijera basta.  

Llegó al piso de abajo, travesó el comedor y vio que en el sofá estaba una chica con un pelo rosa que hacía que destacara entre las otras, se notaba desde lejos que había una enorme tensión entre las dos, y cuando la joven de pelos dorados llegó en la cocina, encontró a su hermano, aun sin terminar de vestir, mutuamente se ignoraron. En los ojos de la chica se veía claramente reflectado el dolor que sentía, se giró y vio como su querido hermano se dirigía hacia la chica de pelo rosa, y la besaba. 

- Chris... te tengo dicho que no quiero que vengas a mi casa.
- Dime Alan ¿Acaso te incomoda que tu novia venga a buscarte? ¿O es que no quieres que tu querida herm- 

Alan la interrumpió con un beso, odiaba que alguien como ella, que para él solo era un juguete, mencionara con sus sucios labios a su hermana, a su querida hermana.

La chica del pelo rosa se sonrojó vivamente, Alan ya estaba cansado de ver ese rostro, y dirigió su mirada hacia la cocina donde veía a su querida hermana cocinando algo que más tarde ella se lo comería con sus labios sabor a miel, lo que daría él solo por poder disfrutar unos segundos de ese sabor tan dulce. Chris cogió del brazo al chico rubio que aun iba sin vestir y despeinado, él le dirijo una mirada amigable, y ella se levantó del sofá, le beso en la mejilla y se dirigió en busca de un peine para el pelo con la intención de peinar a su querido novio.

-Emily –Gritó Alan, la chica se giró tímidamente con una pequeña sonrisa en su rostro, él con paso lento se iba acercando a dónde estaba su hermana, ella sorprendida porque después de tanto tiempo él  se resignara a llamarla, sintió como una dulce e fugaz felicidad le recorría por todo su pequeño y diminuto cuerpo.

Uno delante del otro, cerca, muy cerca, los ojos azules de la pareja estaban llenos de un sentimiento inexplicable, Alan cogió la mano de Emily, ella sonrió, él se le acercó hasta llegar a tal punto que uno podía sentir la respiración del otro, él con la mano que tenía libre le rozó el labio de su hermana, ella se estremeció, cada vez estaban más cerca, Emily solo quería acercarse más y más, poder abrazarle y besarle con intensidad, Alan aparto su mano del labio de su hermana y  le susurró al oído.

-Querida hermanita cuida mejor tus labios, ya que es la delicia más exquisita de tu cuerpo.

Emily le miró molesta.

-Querido hermanito- ahora era ella que se le acercaba a él y con su mano le rozo el bello rostro- y tu tendrías que dejar de jugar tanto con las mujeres, ya que tú las enamoras, las haces caer en tu trampa, mujeres tan bellas como las flores, pero vigila porque algún día podrías ser tu esa bella flor que cae en la trampa que tú mismo creaste, la del amor.


La chica se alejó, y él le gritó:

-¡La  rubia! No voy a caer nunca en esa trampa, por el simple hecho de que ya he caído, pero la mujer que me atrapó me ignora y hace que me vuelva loco cada noche pensando en lo que podría ser y no es, esa mujer es muy cruel porque no ve que soy como su perrito que la sigue día y noche, y es el más fiel de todos que la rodean.

La chica se sonrojo y sin mirar a su hermano le contesto:

-Esa mujer debe de ser muy afortunada por haber podido atrapar a alguien tan inalcanzable.

Alan corrió muy deprisa hacia ella y la abrazó por la espalda.

-Es muy afortunada, pero también muy ciega, ya que compartimos la vida desde antes de nacer, y desde que éramos unos niños que desconocían el sentimiento del amor, ya estábamos juntos, noches largas sin dormir, horas riéndonos y peinándonos, horas eran las que me pasaba yo contemplando su bello rostro dormido, y ella como siempre, tan ingenua sin descubrir lo que se escondía detrás de mí.

Mientras Emily tenía un rostro enrojecido, y Alan la abrazaba con fuerza sin querer dejarla ir, mientras que en esa habitación había dos corazones que latían con fuerza, pocos centímetros de allí había un corazón roto, una chica con el pelo rosa que lloraba con silencio, desconsolada y con rabia, se sentía utilizada, pero amaba con locura a ese chico, porque él fue esa persona que le hizo sentir aquello que uno llama amor. De repente su teléfono sonó, el volumen estaba fuerte, los gemelos lo oyeron y su abrazo intenso terminó, el chico se quedó helado temiendo lo peor y la chica perpleja delante de la situación, Alan se dirigió lentamente hacia el origen del sonido, Emily le siguió, y la sorpresa fue suya cuando vieron un móvil rosa, que parpadeaba con el nombre de Dario, Alan apartó la mirada por unos segundos de ese móvil parpadeante, y se aseguró de que Chris no estuviera cerca, Emily observó la actitud desesperante de su hermano, nunca lo había visto tan nervioso, puede que la chica de la que hablaba antes se refería a Chris, y no a ella como había pensado. Unos instantes después la chica del pelo rosa apareció con un peine y una goma en las manos y con una grande sonrisa en su rostro, se acercó a Alan y le besó, él le correspondió, abrazo a Chris con los mismos brazos que anteriormente lo había hecho con su hermana. Emily se quedó helada delante de esa situación, no pudo evitar que lagrimas surgieran en ella, y empezó a correr dirigiéndose a la puerta que daba a la calle, olvidando el almuerzo y la maleta y con el deseo de dirigirse a un lugar dónde pudiera estar sola. Alan cuando se dio cuenta de que su querida hermana se había ido corriendo con lágrimas en sus ojos, aparto a Chris, solo tenía en mente seguirla, pero antes de que lo hiciera, una mano sujetó su brazo y la voz de la chica le dijo:

-Alan, es tu hermana ¿Eres consciente de ello?

El chico observó a la chica del pelo rosa y de ojos azules, tenía una mirada triste, en ese instante se dio cuenta de que Chris fue testimonio de todo, y de que ella ya conocía sus verdaderos sentimientos, que ya no valía la pena esconderlos. Al instante Alan bajo la mirada, la joven se acercó a él y le cogió la mano.

-Mírame –Alan, lentamente, empezó a alzar la vista hasta encontrarse con los ojos azules de esa hermosa joven-No te puedo decir que la olvides, pero te voy a ayudar para que lo hagas-Chris estrecho con fuerza la mano de su amado, no permitiría que nadie le robara a ese chico rubio tan hermoso, aunque hubiera jugado con ella, lo quería, quería que solo fuera suyo, no dejaría que nadie se lo quitara, ni tan solo su hermana.

Alan no pudo evitar hacer una sonrisa, Chris bajo  la mirada. Minutos de silencio sumergieron a la pareja, él tan frío, ella tan delicada, en ese mismo instante, de nuevo, sonó el teléfono rosa, ella vio el nombre de la persona que la llamaba, lo observó durante unos segundos y después sin mucho interés lo tiro al suelo con rabia, esperando que él  preguntase el porqué de su reacción, pero no hubo ni una pregunta, ni una acaricia para tranquilizarla, lo único que los unía era sus manos entrelazadas, que para uno significaba mucho y para el otro nada.

Unos instantes después, Alan se resignó a ir en busca de la mirada de la chica del pelo rosa, entonces se dio cuenta que ella ya hacía rato que esperaba reencontrarse con la mirada de él. El chico le beso la mejilla, los ojos de la chica, azules como el mar, empezaron a surgir lágrimas, esas lagrimas hacían entender que la chica sabía que ese era el último beso que él le daría. Ella cogió su mochila  y se dirigió a la puerta que daba a la calle, segundos más tardes se oyó como se cerraba, un golpe seco dio paso a la soledad del chico sediento del deseo para poder abrazar a una sola mujer, a una mujer que no podía alcanzar ¿Porque el destino tan caprichoso hizo que se enamorara de la única mujer que no puede tocar?

CONTINUARA... 





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